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A veces las cosas buenas llegan tarde, pero cuando llegan, se sienten. Y lo que pasó en la Junta Departamental de Salto, en la última sesión del día jueves, es de esas decisiones que no hacen ruido en el momento, pero que le cambian la vida a la gente común, al que labura y necesita reglas claras. Durante años, en Salto se aplicó algo que no pasaba en el resto del país. Si un conductor daba positivo en una espirometría, no solo se le retiraba la licencia —como marca la ley nacional— sino que además se le incautaba el vehículo. Sí, se lo llevaban. Y no lo recuperaba hasta pagar la multa o hacer algún convenio. En los hechos, era una doble sanción.

Mientras tanto, en el resto del Uruguay, el criterio siempre fue otro: se sanciona al infractor, se le retira la libreta y se aplica la multa, pero el vehículo se devuelve. Porque el bien no tiene la culpa. Esa es la lógica. Y hay que decirlo sin gre -gre para decir Gregorio: esto ocurrió durante la gestión del intendente Andrés Lima. No fue un hecho aislado, fue una forma de actuar que se sostuvo en el tiempo y que generó molestias en muchos salteños.

Porque una cosa es estar de acuerdo con los controles —que son necesarios— y otra distinta es cuando el castigo se vuelve excesivo. Ahí es donde la gente empieza a sentir que no hay justicia. También quedó dando vueltas una pregunta . Durante años, este sistema estuvo previsto incluso en lo presupuestal. Es decir, se contaba con ingresos por multas. Entonces surge la duda: ¿se buscaba corregir conductas o recaudar?

A eso se sumaban situaciones que muchos recuerdan. Operativos tensos, momentos incómodos, gente expuesta en la vía pública, a veces con formas que no ayudaban. Y cuando las formas fallan, el problema se agranda. Por eso, lo que se resolvió el jueves en la Junta no es un detalle menor. Es un cambio importante. Se vuelve a un criterio más justo, más equilibrado y alineado con el resto del país: sancionar con firmeza al que comete la falta, pero sin ir más allá de lo que corresponde.

El que da positivo en una espirometría debe asumir las consecuencias. Se le retira la licencia, se le aplica la multa. Pero el vehículo no se incauta. No se castiga dos veces. No se trata de ser flexibles con el alcohol al volante. Eso está mal y es peligroso. Hay que controlarlo y sancionarlo. Pero firmeza no es abuso.

También es justo decir que esta vez hubo acuerdo. No es común ver unanimidad, y sin embargo se dio. Se entendió que había algo que corregir y se corrigió. Eso también habla de madurez política. Este cambio ayuda a bajar tensiones. Ordena. Le da tranquilidad a la gente. El inspector cumple su rol, el ciudadano sabe a qué atenerse. Sin excesos.

Porque al final, de eso se trata: de reglas claras y de respeto.El tránsito no es solo controles, es convivencia. Y para que haya convivencia, tiene que haber equilibrio. Ni mano blanda ni mano dura sin sentido.Lo que pasó en la última sesión del jueves en la Junta Departamental de Salto deja una enseñanza: las cosas se pueden revisar y cambiar.Capaz llegó tarde. Pero llegó.Y cuando las decisiones se toman pensando en la gente, se nota. En la calle, en la charla de todos los días.Ojalá este sea el camino: sancionar con todo el peso de la ley al infractor, sí. Pero sin castigar de más.

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