Acuerdo Mercosur–Unión Europea /
Entre la oportunidad histórica y el desafío competitivo
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, tras más de dos décadas de negociaciones, comienza a materializarse en un contexto internacional complejo y cargado de incertidumbre. Así lo explicó el profesor Carlos Bruno, de la Universidad Católica del Uruguay (sede Salto), en una entrevista realizada en el Streaming de Diario La Prensa, donde analizó los alcances, riesgos y oportunidades de un tratado que involucra a más de 750 millones de personas.
“Estamos entrando a jugar el partido”, afirmó Bruno, subrayando que, aunque el acuerdo entra en vigencia, aún resta la ratificación del Parlamento Europeo en un plazo de dos años. Esto implica que el proceso está lejos de cerrarse y que su éxito dependerá, en gran medida, de cómo los países involucrados y en particular los del Mercosur logren adaptarse a las nuevas reglas del juego. El tratado, de carácter inicialmente comercial, trasciende lo económico para convertirse en una señal política en un mundo fragmentado. Se trata, de una herramienta que puede fortalecer vínculos estratégicos en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, guerras comerciales y cambios estructurales.
Ganadores y perdedores en un escenario de competencia
En el análisis destacó que el acuerdo no beneficiará a todos por igual. “Hay ganadores y perdedores”, advirtió Bruno, que la apertura comercial traerá consigo una competencia más intensa. Con la eliminación de aranceles que alcanzará a cerca del 92% de los productos, mercados como el europeo y el sudamericano quedarán más expuestos. Esto implica que productos europeos, como los lácteos franceses, podrán ingresar con mayor facilidad a países del Mercosur, mientras que las exportaciones sudamericanas deberán competir en condiciones más exigentes en Europa. “Hay que remangarse y trabajar mucho”, resumió el profesor, dejando en claro que el acceso a nuevos mercados no garantiza el éxito. La clave estará en la capacidad de los países y sus sectores productivos para volverse más competitivos.
Un mundo en transformación y el peso de la geopolítica
El acuerdo no puede analizarse de forma aislada. Bruno lo enmarca en una serie de transformaciones globales que incluyen desde la guerra comercial entre Estados Unidos y China hasta los efectos de la pandemia, las crisis migratorias y los conflictos en Medio Oriente. En este contexto, la Unión Europea también busca fortalecer su posición internacional. “Europa necesita mercados y expandirse geopolíticamente”. Además, destacó que el 70% de la población mundial vive en regímenes no democráticos, lo que otorga al acuerdo un componente político relevante, al consolidar vínculos entre bloques con valores institucionales similares.
Uruguay ante el desafío, costos, competitividad y reformas
Para Uruguay, el acuerdo representa tanto una oportunidad como una advertencia. El país, junto con Paraguay, es uno de los socios más pequeños del Mercosur, pero ha tenido un rol activo en impulsar la iniciativa. Sin embargo, Bruno fue crítico respecto a las condiciones internas que podrían limitar el aprovechamiento del tratado. Entre ellas mencionó el alto costo del Estado, la energía cara, los problemas de competitividad y la pérdida de empresas que han optado por instalarse en otros países de la región. “Somos un país caro”, señalando que estos factores afectan la capacidad de competir en mercados internacionales. A esto se suman tensiones laborales y demoras en la toma de decisiones, que, según el académico, han contribuido al cierre o traslado de empresas. En este sentido, el acuerdo podría funcionar como un catalizador de cambios. “Hay que cambiar el chip”, sostuvo, insistiendo en la necesidad de mejorar la productividad, reducir costos y adoptar una actitud más proactiva.
El rol del Estado y la necesidad de una estrategia
El éxito del acuerdo dependerá también del acompañamiento estatal. Bruno destacó la importancia de implementar políticas que faciliten la producción, como la reducción de costos energéticos o el apoyo a sectores estratégicos. Asimismo, planteó la necesidad de diferenciar entre importaciones de consumo y aquellas destinadas a la producción, priorizando estas últimas para fomentar el desarrollo económico. El tipo de cambio, las políticas económicas y la estabilidad institucional también jugarán un papel clave. “El Estado tiene que ayudar a que las empresas sean más competitivas”.
Oportunidades para el interior y el papel de la educación
Más allá de lo macroeconómico, el impacto del acuerdo también se sentirá a nivel local. Bruno puso énfasis en el potencial del interior del país, particularmente de Salto, como polo productivo y educativo. “Acá el partido se juega a nivel nacional, pero también a nivel local”, destacando sectores como la producción agropecuaria, el turismo y la educación terciaria. En este último punto, subrayó la importancia de preparar a las nuevas generaciones para un entorno más exigente. “Los estudiantes tienen que mirar el mundo donde se van a desempeñar”, remarcando el rol de las universidades en formar profesionales competitivos.
Una oportunidad que exige acción
El acuerdo Mercosur–Unión Europea representa una de las iniciativas más ambiciosas en la historia reciente del comercio internacional para la región. Sin embargo, lejos de ser una solución automática, plantea desafíos significativos. “Nadie te va a regalar nada”, la posibilidad de acceder a un mercado de millones de consumidores es real, pero requerirá esfuerzo, estrategia y cambios estructurales. En definitiva, el tratado abre una puerta. Cruzarla con éxito dependerá de la capacidad de adaptación, la visión de largo plazo y la voluntad de aprovechar una oportunidad que tardó 25 años en concretarse, pero que recién empieza a jugarse.