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Ya cayeron 300 milímetros y los cauces recibieron fuertes arrastres. La Intendencia profundiza los trabajos en las cuencas del Sauzal y Ceibal, pero advierte que ante lluvias extraordinarias habrá desbordes que no podrán evitarse.

Salto se prepara para enfrentar un escenario climático que puede poner a prueba toda su capacidad de drenaje. El fenómeno de El Niño amenaza con traer importantes volúmenes de lluvia y, frente a los pronósticos que manejan meteorólogos de distintos países, la Intendencia decidió acelerar los trabajos preventivos en las principales cuencas de la ciudad.

La advertencia no es menor. En determinados sectores ya se registraron precipitaciones acumuladas del entorno de los 300 milímetros, provocando fuertes arrastres y poniendo en evidencia la presión que soportan los cursos de agua.

El director de Servicios ABC de la Intendencia, mayor Sergio Acuña, explicó que el objetivo es llegar a los próximos episodios de lluvia con los cauces en las mejores condiciones posibles, aumentando los espacios de escurrimiento y eliminando obstáculos que puedan transformar una lluvia intensa en un desborde. La atención está puesta especialmente en las cuencas del Sauzal y Ceibal, donde se vienen desarrollando trabajos que apuntan a mejorar la circulación del agua.

Se cumplen tareas de limpieza y ampliación de embalse

En el Sauzal, las tareas comprenden distintos puntos de la cuenca. Aguas arriba se realizó una obra que permitirá generar un embalse de mayor volumen, mientras que hacia abajo, en dirección al río Uruguay, los equipos municipales trabajan para eliminar los llamados “cuellos de botella”.

Árboles caídos, ramas, residuos y otros elementos que terminan atravesados en los cauces pueden convertirse en verdaderos tapones cuando llega una lluvia de gran intensidad. Y allí aparece una realidad que no depende exclusivamente de la maquinaria municipal: buena parte de esas obstrucciones son consecuencia directa de la basura que los propios ciudadanos arrojan en lugares indebidos.

Acuña reclamó expresamente la colaboración de los salteños y llamó a evitar que bolsas, nylon, plásticos y otros residuos terminen en los cursos de agua. No se trata solamente de una cuestión de limpieza. Un plástico que termina en un cauce puede convertirse, durante una tormenta, en una barrera para el agua. Y cuando el caudal aumenta en cuestión de minutos, cada obstrucción puede agravar una situación que ya de por sí resulta difícil de controlar.

Pero desde la Intendencia tampoco se oculta la realidad: si los pronósticos de lluvias extraordinarias se cumplen, habrá situaciones que ninguna limpieza o canalización podrá resolver por completo.

Acuña reconoció que, frente a volúmenes de agua “demasiado importantes”, algunos desbordes seguramente se producirán. La tarea preventiva, entonces, consiste en reducir los daños, ganar capacidad de escurrimiento y quitar del camino todos aquellos obstáculos que sí pueden evitarse.

El desafío es grande porque la naturaleza no negocia con las obras públicas. Un cauce puede ser ampliado, limpiado y acondicionado, pero existe un límite cuando las precipitaciones superan ampliamente la capacidad para la que fue concebido. Por eso, la preparación ante El Niño no puede quedar reducida al trabajo de la Intendencia. También exige responsabilidad ciudadana.

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