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Diseñadora gráfica, community manager, técnica en comunicación y periodismo y artista. Así podría resumirse, en pocas palabras, el perfil de Emilia Lúquez, aunque su recorrido profesional demuestra que detrás de cada título hay mucho más que formación académica, hay estudio constante, experiencia, intuición y una profunda comprensión del comportamiento humano. En una charla distendida pero cargada de contenido, Emilia compartió su historia, su forma de trabajo y su mirada sobre la comunicación en tiempos de redes sociales.

La entrevista tuvo lugar en la sala de streaming de Diario La Prensa, en un reencuentro que combinó recuerdos, anécdotas y reflexión profesional. Desde el inicio, quedó claro que la creatividad de Emilia no surge de la improvisación, sino de un proceso consciente que integra técnica, sensibilidad y estrategia. 

Un camino largo, marcado por el estudio y la búsqueda personal

El recorrido de Emilia no fue lineal ni inmediato. Ella misma lo define como “un camino largo”, atravesado por mucho estudio y trabajo personal. Su primer acercamiento al mundo creativo se dio en 2012, cuando comenzó a estudiar arquitectura. Allí descubrió que su verdadera fortaleza no estaba únicamente en lo técnico, sino en el dibujo, la imagen y la comunicación.

Ese hallazgo la llevó a formarse como diseñadora gráfica, punto de partida de una carrera que luego se expandiría hacia el marketing, la gestión de comunidades digitales y el arte. Pero, según explica, hay dos pilares fundamentales que atraviesan todo su trabajo: la educación y la formación espiritual. Para Emilia, la energía personal se refleja en lo que se comunica, en cómo se diseña y en la pasión con la que se encara cada proyecto.

Emprender, vender y entender al otro

Uno de los momentos clave de su desarrollo profesional fue el emprendimiento. Emilia abrió una galería de arte y comenzó a vender cuadros personalizados, pintados por ella misma. Vivir de lo que le gustaba no fue sencillo: entender el mercado y hacer rentable el proyecto llevó tiempo y aprendizaje.

En ese proceso apareció uno de los mayores desafíos, la venta. “Yo decía que no servía para vender ni un caramelo”. Sin embargo, comprendió que vender es una habilidad central, incluso cuando no se la reconoce como tal. “Nos vendemos todo el tiempo”.

Este descubrimiento la llevó a estudiar neurociencia, neuromarketing y comportamiento humano. Analizar cómo piensa, siente y decide una persona se volvió una herramienta clave para comunicar mejor y generar conexiones reales.

La importancia de la primera impresión y la comunicación no verbal

Con el tiempo, Emilia incorporó de manera natural la observación del lenguaje corporal y la comunicación no verbal. Hoy sostiene que los primeros tres segundos al conocer a una persona son determinantes: permiten intuir si alguien es compatible para un trabajo, una sociedad o un proyecto. Esa mirada se traslada directamente a su trabajo como community manager. Para ella, la imagen inicial tanto personal como empresarial es crucial. Desde la prolijidad hasta la coherencia visual de una marca, todo comunica y genera una percepción inmediata en quien observa.

El rol del community manager en un mundo hiperconectado

Emilia destaca que la figura del community manager se volvió indispensable para empresas y emprendimientos de todos los rubros. “La empresa que no comunica, no existe”, sentencia. En un contexto donde las redes sociales funcionan como vidrieras digitales, tener perfiles bien diseñados y correctamente gestionados equivale a contar con un local limpio y ordenado.

La comunicación constante, explica, no siempre busca vender más, sino aparecer, posicionarse y mantenerse vigente. Grandes marcas como Coca-Cola son el ejemplo de que comunicar es una necesidad permanente, incluso cuando el producto ya está instalado en el mercado.

Marketing tradicional, adaptación y ensayo-error

Lejos de descartar el marketing tradicional, Emilia lo redefine como una base necesaria, “tuneada” con herramientas actuales. Cuando trabaja con una empresa, su equipo comienza con estrategias generales que ya han demostrado funcionar, mientras analiza el comportamiento específico del público. A partir de allí, el proceso se ajusta, se personaliza y se corrige.

Las redes sociales, sostiene, son un espacio de prueba constante. No existen fórmulas mágicas ni resultados inmediatos. Prometer éxito en pocos meses es, para ella, una señal de alarma. Comunicar bien implica tiempo, estudio, errores y aprendizaje continuo.

Imagen, arte y conexión emocional

Otro eje central de la charla fue la imagen. Desde la formación académica hasta la experiencia profesional, Emilia remarcó que una buena presentación visual puede marcar la diferencia entre captar o perder una oportunidad. Fotos de mala calidad, logos ilegibles o una estética descuidada generan rechazo inmediato, incluso cuando el producto es bueno.

En el arte, esa conexión se vuelve aún más profunda. Emilia continúa desarrollando su faceta artística, con cuadros propios y proyectos que buscan funcionar como puente entre artistas y clientes. Para ella, el arte es una expresión emocional que no se puede rechazar cuando surge un pedido especial, cada obra es única y personal.

Compartir el conocimiento y formar a otros

En la actualidad, Emilia siente que llegó el momento de compartir lo aprendido. No solo quiere ver crecer a empresas, sino también a colegas, diseñadores y community managers que muchas veces se sienten inseguros al salir al mercado laboral.

Entre sus próximos proyectos se destacan cursos de ventas, considerados por ella como una necesidad urgente. “Un community manager que no sabe vender, tiene que tener cuidado”, advierte. La formación integral que incluya comunicación, marketing, diseño y ventas es, según su visión, la clave para profesionalizar el sector.

Educarse, mirarse y confiar en el proceso

La profesión se construye con constancia, autoconocimiento y formación continua. Mirarse a uno mismo, entender cómo se gestionan las pérdidas y aceptar que todo es parte de un proceso personal y profesional son pasos fundamentales.

Creatividad, emoción y estrategia conviven en su mirada sobre la comunicación. Y ese equilibrio, lejos de ser casual, es el resultado de años de estudio, experiencia y una profunda conexión con lo que hace.

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