La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

La diputada de Identidad Soberana habló de promesas incumplidas, designaciones a dedo y una cultura política que, según dijo, sigue intacta más allá de los partidos. Las declaraciones de la diputada Natalia Pigurina no pasaron inadvertidas. Con palabras duras y sin rodeos, la legisladora de Identidad Soberana cuestionó el rumbo de la actual Intendencia de Salto y puso en duda uno de los pilares centrales del discurso con el que se llegó al gobierno departamental: el cambio. “Lo que está pasando en Salto ya no sorprende, pero sí indigna”, afirmó Pigurina, marcando el tono de una crítica que apunta no solo a decisiones concretas, sino a una forma de ejercer el poder que —según sostiene— se repite una y otra vez, independientemente de los colores políticos.

Promesas de campaña bajo la lupa

Uno de los ejes centrales del planteo de la diputada tiene que ver con las expectativas generadas durante la campaña electoral. Pigurina recordó que se prometió terminar con prácticas históricamente cuestionadas por la ciudadanía: el amiguismo, los acomodos y los nombramientos directos. “¿Este era el ‘cambio’ que prometían? ¿Esto era lo ‘diferente’?”, se preguntó, al señalar que lejos de instaurar mecanismos transparentes como concursos o sorteos, hoy se estarían replicando exactamente las mismas lógicas que se criticaban en la gestión anterior. Para Pigurina, el problema no es solo que las promesas no se hayan cumplido, sino la naturalización de ese incumplimiento. “La desfachatez con la que se lo hace” es, según sus palabras, uno de los aspectos más graves de la situación actual.

Más allá de los partidos

En su análisis, la diputada evitó centrar la crítica en una fuerza política en particular. Por el contrario, sostuvo que el problema es más profundo y estructural. “Esto no es un problema de partidos. No es un problema de colores políticos. Es un problema de cultura política”, afirmó. Desde esa mirada, cuestionó el uso del Estado como “refugio de los cercanos”, mientras quienes militaron, confiaron o acompañaron los proyectos quedan relegados. Para Pigurina, el poder se estaría utilizando para beneficiar a un círculo reducido, reproduciendo prácticas que erosionan la credibilidad del sistema político en su conjunto.

Memoria, ciudadanía y responsabilidad

Otro punto fuerte del mensaje tiene que ver con la relación entre gobernantes y ciudadanía. Pigurina advirtió sobre una subestimación de la gente, como si no tuviera memoria o capacidad de análisis. “Como si la gente no se diera cuenta”, expresó, en una frase que resume buena parte de su malestar. La diputada llamó a dejar de lado los fanatismos y a observar los hechos con honestidad. Desde su perspectiva, cambian los nombres y los discursos, pero las prácticas permanecen. Y advirtió que llegará un momento en que esas contradicciones deberán explicarse.

“Gobernar es respetar a la gente”

El cierre de las declaraciones de Pigurina fue tan directo como contundente: “Gobernar no es acomodar amigos. Gobernar es respetar a la gente que confió”. En un contexto de creciente desencanto político, sus palabras interpelan no solo a la Intendencia de Salto, sino a toda una forma de entender la gestión pública. Una discusión que, lejos de agotarse en un comunicado o una declaración, parece destinada a ocupar un lugar central en el debate político departamental.

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte