Genaro Cabrera, el pequeño héroe del Barrio Ceibal /
Sigue ganándole a la tragedia y cada día a sueña con ser doctor y crack de futbol
Hay historias que duelen y, al mismo tiempo, enseñan a valorar la vida. La de Genaro Cabrera es una de ellas. Con apenas nueve años, ha tenido que enfrentar un sufrimiento que ningún niño debería conocer. Como todos sabemos, perdió a sus padres y a su hermana en un terrible accidente en Ruta 3, cerca de Bella Unión, sufrió quemaduras en el 70% de su cuerpo y debió atravesar meses de internación, numerosas operaciones y una recuperación larga y exigente. Sin embargo, sigue adelante. Y lo hace con una entereza que conmueve.
Hoy, Genaro vuelve a dar pasos importantes en su recuperación. Después de su última intervención quirúrgica, trasplante de médula, evoluciona favorablemente y continúa con los tratamientos necesarios para mejorar las secuelas de las graves quemaduras. Cada semana viaja a Montevideo, para continuar su atención en el Centro Nacional de Quemados (Cenaque), en el Hospital Pereira Rossell.
Allí, donde llegó hace dos años al borde de la muerte, encontró mucho más que atención médica. Construyó vínculos, recibió cuidados y conoció a profesionales que se convirtieron en parte fundamental de su vida.
“Para mi el hospital de Montevideo ( el Cenaque) es mi casa, por el tiempo que pasamos allí”, contó Genaro, con la naturalidad de un niño que aprendió a convivir con una realidad muy difícil.
Una lucha que no se detiene
El accidente ocurrió en 2024, en Ruta 3 cerca de Bella Unión, cuando el automóvil en el que viajaba junto a sus padres y su hermana chocó con un vehículo de gran porte y se incendió. Genaro fue el único sobreviviente del siniestro. Su estado era crítico: tenía comprometida la vía aérea y cerca del 70% de su cuerpo presentaba quemaduras. En el Cenaque, adonde fue llevado, se indico que “su estado era de extrema gravedad”
Lo que derivó a una batalla médica que exigió enormes esfuerzos. Genaro permaneció internado durante seis meses y, desde entonces, ha pasado por más de 20 cirugías. El camino todavía no terminó. Continúa recibiendo tratamientos con láser para mejorar el estado de la piel y aliviar la intensa picazón que provocan las quemaduras. También realiza ejercicios y actividades que forman parte de su rehabilitación. Cada avance, por pequeño que parezca, representa una nueva conquista. Su abuela, Graciela Acosta, a quien él llama “mamá”, sigue de cerca cada etapa y transmite esperanza al hablar de su evolución.
“El tratamiento viene regio. La doctora lo vio y le mandó hacer nuevos ejercicios. Va marchando, superándolo poco a poco. Estamos saliendo adelante con Genaro”, expresó.
Volver a la escuela, jugar y soñar
A pesar de todo lo vivido, Genaro sigue siendo un niño con ganas de aprender, jugar, bailar y compartir con sus amigos. Asiste a la Escuela N.º 9 de su barrio Ceibal, donde retoma una de las actividades que más disfruta.
Pero si hay una pasión que lo entusiasma especialmente, es el fútbol. Es hincha de Ceibal, el club en el que jugó su recordado padre. La camiseta, la pelota y la ilusión de jugar forman parte de ese mundo de infancia que Genaro procura recuperar día a día.
Su abuela cuenta con orgullo que acepta los tratamientos, cumple con las indicaciones y participa de las actividades que le proponen. “Es un niño que acepta todo, hace todo y es una maravilla. Él tomó todo esto y salió adelante”.
En su hogar, el cariño de sus abuelos ocupa un lugar irremplazable. Genaro lo cuenta con una sonrisa que permite entrever al niño detrás de una historia tan dolorosa: “Me mal enseñan, que no es lo mismo que malcriar. A mí me tratan como un rey”. Graciela, por su parte, resume que es su nieto: “Es mi vida”.
El futuro sigue abierto
Desde el ámbito médico se ha destacado más de una vez, que el acompañamiento familiar ha sido decisivo para sostener la recuperación. “La familia, los vecinos, el mismo barrio, han sido el pilar para recuperar a Genaro”, valorando la constancia de los cuidados y el apoyo que recibe diariamente.
En estos años, el vínculo con quienes lo atienden también hizo nacer una nueva ilusión. Genaro sueña con ser médico, aunque el fútbol sigue ocupando un lugar privilegiado entre sus proyectos. Con humor, cuenta que la doctora Manaro , quien le atiende en el Cenaque desde el primer momento, prometió que no se jubilará hasta verlo convertirse en médico, una vez que termine su carrera futbolística.
En esa frase conviven la ternura, la confianza y la esperanza. Porque Genaro no ha olvidado la tragedia que cambió su vida, pero tampoco ha renunciado a todo aquello que todavía puede vivir.
Su recuperación continúa, las secuelas requieren atención y el camino seguirá demandando esfuerzo. Sin embargo, su historia no borra el dolor de la pérdida, pero demuestra que, aun después de una tragedia inmensa, es posible volver a mirar hacia el futuro. Y mientras Genaro continúa recuperándose, conserva intactas las ganas de jugar, estudiar y soñar. A sus nueve años, esa es quizá su mayor hazaña: seguir siendo un niño, con toda la vida por delante.