La Libertad… ¿Somos realmente libres?
- Por la Psicóloga Ana Claudia Acosta
Vamos a reflexionar si somos realmente libres y qué significa para cada uno/a de nosotros serlo. Por lo general pensamos que tenemos libertad y nos sentimos afortunados/as de poder elegir lo que deseamos hacer diariamente. Podría ser complejo afrontar la vida diaria sabiendo que no somos dueños/as de nuestras decisiones y acciones, ya que creernos responsables y artífices de nuestra conducta nos otorga un papel que nos convence de ser especiales y no un elemento más de una cadena de la naturaleza completamente regida por leyes que pueden estudiarse y, por lo tanto, hacer de nuestro comportamiento algo predecible y controlable, y ni que hablar de la tecnología que nos rodea, con la IA, las redes, las publicidades constantes que, por momentos, parecen leer nuestras mentes y controlar nuestra voluntad; desde qué comemos, qué nos ponemos, dónde viajamos, hasta cómo nos sentimos. La pregunta es: ¿somos realmente libres? Como seres humanos hemos necesitado sentirnos libres y especiales, dueños de todo lo que hacemos.
¿Qué es la libertad?
El concepto de libertad o libre albedrío se puede entender, si nos centramos en el sentido popular del término, como la capacidad para ser “dueños/as” de nuestro comportamiento sin ningún tipo de coerción, obligación o manipulación. Desde esta mirada, es perfectamente legítimo y comprensible el sentirse libre y creer que cada decisión que se toma ha sido elegida. No obstante, si entramos al terreno de la ciencia, sea cual sea la conducta, pasa a entenderse como algo determinado, o así habría de ser, pues el determinismo es la clave que sustenta a las ciencias naturales.
Un ejemplo es el comportamiento animal, muchas personas asumen que éste puede estudiarse, predecirse o controlarse. Es decir, el comportamiento de los animales, o de cualquier ser vivo, está sujeto a una serie de principios y leyes. No obstante, el comportamiento del ser humano es complejo.
¿El ser humano es un ser predecible?
A lo largo de los siglos, con el avance de las ciencias, al ser humano le han ido “hiriendo el ego”, despojándole de ese trono que tanto tiempo ha estado detentando. Nuestra conducta es estudiable, se puede predecir, se puede explicar, más allá de que lejos del meticuloso control del laboratorio, haya una infinidad de variables que complican el asunto por no poderlas controlar en su totalidad. Pero que esto sea así, que haya variables que no podamos atender, no significa que no estén regidas por leyes, no significa que haya libertad total.
En suma, el desarrollo de la IA, el análisis del comportamiento humano, desde tendencias, gustos, intereses, los estudios de mercado, miradas del mundo propias de cada generación, entre otros aspectos, son la clave para entendernos como seres humanos productos de un contexto socio- histórico y psicoemocional, que hace a las particularidades de cada sociedad. Coexisten puntos de encuentro entre las generaciones y sociedades actuales, pero también si nos movemos por el mundo vemos miradas y posturas que hasta pueden ser totalmente opuestas.
La libertad está condicionada por la propia existencia social, pero la buena noticia es que, siempre y cuando seamos coherentes entre lo que hacemos, pensamos y sentimos, respetando que vivimos en una sociedad donde hay múltiples formas de ver la vida, vamos a sentirnos plenas/os. La sensación de pérdida de libertad aparece cuando el ser humano desea imponer su mirada o su punto de vista por encima del de los demás, y cuando se ve cuestionado o limitado, no genera capacidad de diálogo o de escucha.
En definitiva, el concepto va a depender de nuestros propios intereses y capacidades de propiciar una convivencia social saludable.