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La crisis del turismo en Cuba dejó una huella profunda en las calles de La Habana Vieja, donde la presencia de extranjeros se redujo a mínimos históricos. Durante una mañana entera, solo seis turistas foráneos —provenientes en su mayoría de Latinoamérica— fueron localizados por Reuters en las zonas más emblemáticas de la capital.

El deterioro de la industria turística, golpeada por la escasez de combustible y alimentos, sumado a los cortes de energía, se refleja en hoteles y restaurantes casi vacíos y en una actividad comercial prácticamente paralizada. Quienes deciden visitar la isla en este contexto encuentran servicios limitados y una oferta cada vez más reducida, aunque algunos aún rescatan aspectos positivos de su experiencia.

En los primeros meses del año, la llegada de visitantes extranjeros apenas superó los 328.600, menos de la mitad de los registrados en el mismo periodo del año anterior y muy lejos de los niveles de 2018, cuando se alcanzó el máximo histórico de 4,75 millones. Según la agencia nacional de estadística de Cuba, la tendencia a la baja se ha acentuado tras la pandemia y ante las crecientes restricciones internacionales.

El endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos y la advertencia de represalias a empresas extranjeras que operen junto a las autoridades del régimen cubano generó un efecto dominó. Las principales cadenas hoteleras internacionales, como Melia e Iberostar, redujeron el número de establecimientos bajo su gestión, mientras que la canadiense Blue Diamond se retiró completamente.

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