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En las últimas semanas, una expresión juvenil nacida en Argentina cruzó el Río de la Plata y tuvo su manifestación en la Plaza Independencia de Montevideo, donde un grupo de jóvenes con máscaras, orejas y colas de animales protagonizó una concentración que derivó en algunos episodios de tensión. Se trata del movimiento conocido como “therian”, una tendencia amplificada por redes sociales que genera curiosidad, polémica y no pocas preguntas.

Que son los tehrians

Los therians se definen como personas que se identifican espiritual o psicológicamente con un animal no humano. No consideran que se trate de un disfraz ni de un simple juego de roles, sino de una conexión interna profunda con un “teriotipo”, es decir, una especie con la que sienten afinidad — perros, lobos, zorros, tigres o aves, entre otros—. Esa identificación se expresa mediante accesorios y conductas que imitan a ese animal.

Algunos integrantes afirman experimentar  momentos en los que perciben cambios en su comportamiento o sensaciones asociadas a su teriotipo, como la percepción simbólica de una cola o de orejas inexistentes. Sin embargo, subrayan que no pierden la conciencia de su condición humana ni la noción de realidad. Rechazan que se trate de un trastorno mental y sostienen que la desinformación alimenta burlas y estigmatización.

Un fenómeno nacido en el 2000

El fenómeno no es nuevo. Tiene antecedentes en foros de internet de comienzos de los años 2000 y referencias culturales previas en el ámbito del cómic y la cultura digital. En Argentina comenzó a ganar visibilidad hacia 2010 y creció de manera significativa durante la pandemia, impulsado por plataformas como TikTok. Se estima que miles de jóvenes participan en comunidades virtuales y en encuentros presenciales en plazas y centros urbanos.

Más allá de la descripción del fenómeno, el debate surge cuando estas manifestaciones ocupan espacios públicos y generan reacciones encontradas. La libertad de expresión es un derecho incuestionable, pero también es cierto que toda expresión colectiva interactúa con el entorno social y cultural que la rodea. En Montevideo, la convocatoria no pasó inadvertida y evidenció que parte de la sociedad observa estas prácticas con desconcierto o escepticismo.

Una forma legítima de autoexploración

Aquí se instala una discusión más amplia: ¿estamos ante una forma legítima de autoexploración identitaria o frente a una moda amplificada por algoritmos? Algunas voces críticas advierten que el uso del concepto de “autopercepción” en este contexto puede trivializar debates profundos vinculados a identidades históricamente marginadas. Otras interpretan el fenómeno como una búsqueda simbólica de reconexión con lo natural en un mundo cada vez más urbanizado y digital.

Lo cierto es que el auge de los therians refleja una época de identidades fluidas y narrativas cambiantes. No corresponde responder con violencia ni ridiculización, pero tampoco renunciar al análisis crítico. Entre la empatía y el sentido común, la sociedad enfrenta el desafío de comprender nuevas formas de expresión sin perder de vista los marcos culturales y sociales que sostienen la convivencia.

El fenómeno, sea moda pasajera o expresión duradera, obliga a preguntarnos hasta dónde llegan los límites de la identidad y cómo se construye el reconocimiento en una sociedad que cambia a la velocidad de las redes sociales.

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