Entre la Torre y el Palacio /
Lo que se dice y comenta en voz baja….
Entre chivitos, Cardama y alguna grieta con hielo
Hay cosas que solamente pueden ocurrir en Uruguay. Mientras acá los políticos se tiran con Cardama por la cabeza, del otro lado del río se juntan a festejar nuestra Independencia, comen langostinos, toman vino, hablan de negocios y descubren que argentinos y uruguayos tenemos algo en común: estamos todos “como podemos”. La escena ocurrió en la residencia del embajador uruguayo en Buenos Aires. Participaron: el canciller argentino, jefe de Gabinete, gobernador de Entre Ríos, autoridades uruguayas y empresarios de ambas orillas. Todo muy diplomático, muy protocolar, muy fraternal. Artigas y San Martín fueron invocados, porque para estas ocasiones siempre queda bien recordar que alguna vez fuimos capaces de pelear juntos contra otros. Y después llegó el chivito.
Del “estamos como podemos” a “tranquilos y remándola”
Ahí probablemente se terminó la diplomacia y empezó la verdadera integración regional. Porque mientras los argentinos miraban de reojo el chivito uruguayo, los uruguayos degustaban vino y salmón, hasta que alguien resumió la situación económica de ambas orillas con una precisión que ningún economista del MEF podría mejorar: “Estamos como podemos”. La respuesta uruguaya fue todavía más científica: “Tranquilos y remándola”. Una síntesis perfecta de dos países que llevan décadas intentando explicar por qué, teniendo todo para estar mejor, siempre terminan “remándola”. Pero si en Buenos Aires había concordia, en Montevideo la cosa era bastante distinta.
Acá tenemos Cardama.
Ese maravilloso asunto que consiguió algo que parecía imposible: que gobierno y oposición coincidan solamente en una cosa, en acusarse mutuamente. El Frente Amplio mira a Lacalle Pou. La Coalición mira a Sandra Lazo. La Justicia mira a todos. Y los ciudadanos miramos el calendario para saber cuánto falta para que termine la discusión. La política uruguaya, que durante años presumió de civilizada, descubrió últimamente que también puede practicar el deporte nacional de los demás: buscar culpables. El problema es que mientras unos preparan denuncias, otros preparan respuestas, y todos preparan la campaña del 2029, la gente prepara otra cosa: la billetera.
Menos discursos y mas logros… si se puede
Y ahí aparece otro detalle incómodo. Los analistas dicen que el gobierno necesita resultados rápidos, visibles y concretos. Traducido al lenguaje popular: menos discursos y más cosas que funcionen. Porque cuatro años pasan rápido. Especialmente cuando se está gobernando.
Se murió el Negro Rada y se termino la grieta
Y hablando de unidad nacional, hubo un momento en que Uruguay demostró que todavía puede ponerse de acuerdo. Murió Ruben Rada. Y ahí sí se terminó la grieta. Blancos, colorados, frenteamplistas, músicos, empresarios y ciudadanos coincidieron en algo elemental: Rada era de todos. Tal vez esa sea la verdadera lección que dejó “El Negro”. Que se puede discutir de política sin convertir al adversario en enemigo. Que se puede pensar distinto sin necesitar una denuncia penal para demostrarlo. Y que, cada tanto, sería bueno que nuestros dirigentes recordaran que el país es bastante más grande que sus internas. Porque entre Cardama, la Rendición de Cuentas, las encuestas y las elecciones del 2029, capaz que necesitamos un poco más de Rada y un poco menos de grieta.
Lo difícil de ponerse realmente de acuerdo
Aunque, claro, para eso habría que ponerse de acuerdo. Y ahí ya entramos en terreno verdaderamente difícil. Más difícil que negociar un contrato, cerrar un presupuesto o ponerse de acuerdo sobre quién paga el chivito.