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Durante más de cuatro décadas, la profesora Mary Beatriz Volpi construyó una trayectoria que trasciende lo artístico para instalarse en el terreno de la vocación que fue la enseñanza. Su nombre está íntimamente ligado al Conservatorio Departamental de Música de Salto, institución en la que trabajó casi 43 años y desde donde dejó una huella indeleble en varias generaciones de estudiantes.

Pero su historia con la docencia no comenzó con un cargo formal ni con un título colgado en la pared. Empezó mucho antes, casi como un impulso natural. A los 15 años, recién recibida como profesora de piano, ya tenía a su cargo unos 30 alumnos. Era todavía menor de edad y, por lo tanto, no podía firmar los diplomas que otorgaba; debía hacerlo una colega en su lugar. Sin embargo, ese detalle administrativo no opacó lo esencial, Volpi ya era, en los hechos, una docente.

La música había llegado a su vida desde la cuna. Hija de un padre músico saxofonista y profesor de educación física, creció en un hogar donde el arte formaba parte de lo cotidiano. Desde los tres años, recuerda, su padre la estimulaba a cantar, bailar, recitar y explorar distintas formas de expresión. Esa base no solo despertó su sensibilidad artística, sino que moldeó su futuro profesional.

Formación constante y primeros pasos profesionales

Comenzó a estudiar piano a los cinco años y se formó en distintos conservatorios, completando su carrera siendo aún muy joven. Pero lo que distingue su recorrido no es solo la precocidad, sino la continuidad: nunca dejó de estudiar. A lo largo de su vida participó en cursos, perfeccionamientos y concursos, convencida de que la formación docente es un proceso permanente.

Esa misma convicción fue la que trasladó a sus alumnos. En el Conservatorio Departamental, donde primero ingresó como profesora y luego accedió al cargo de directora por concurso, desarrolló una labor pedagógica marcada por la exigencia, la sensibilidad y la capacidad de adaptación.

“Siempre gané mis puestos por concurso”, destacando una época en la que la carrera docente estaba atravesada por evaluaciones periódicas. Lejos de verlo como una dificultad, lo asumió como un estímulo para superarse. Ese espíritu de esfuerzo constante también fue parte de su enseñanza.

El desafío de enseñar, cada alumno, un mundo

A lo largo de los años, Volpi se encontró con todo tipo de estudiantes: desde quienes daban sus primeros pasos en la música hasta aquellos que llegaban con vicios técnicos difíciles de corregir. Para ella, uno de los mayores desafíos de la docencia es precisamente ese: desarmar aprendizajes incorrectos para reconstruirlos desde una base sólida.

Sin embargo, también vivió experiencias que la sorprendieron y la marcaron profundamente. Recuerda, a alumnos con oído absoluto, capaces de interpretar música de forma casi intuitiva, sin necesidad de los procesos tradicionales de aprendizaje. “Era como encajonarlos enseñarles de la manera convencional”. En esos casos, su rol como docente no era imponer un método, sino acompañar y potenciar un talento excepcional.

Esa capacidad de reconocer la singularidad de cada estudiante es uno de los rasgos más destacados de su perfil pedagógico. Volpi no concibe la enseñanza como una fórmula rígida, sino como un vínculo que requiere escucha, observación y flexibilidad.

Una vida de trabajo y compromiso con la educación

Su tarea docente no se limitó al conservatorio. También trabajó en educación primaria, dirigió coros y se desempeñó en formación docente. Durante años, su rutina fue intensa: jornadas que comenzaban temprano en la mañana y terminaban entrada la noche, combinando clases en distintas instituciones. En paralelo, crió a sus hijos con el apoyo fundamental de sus padres, en un contexto de esfuerzo sostenido.

“La música me dio todo”. Y aunque reconoce que no todos los músicos tienen las mismas oportunidades, su caso es testimonio de que la perseverancia y la vocación pueden abrir caminos.

La música como creación y herramienta educativa

Además de enseñar, Volpi también creó. Es compositora de canciones escolares, himnos y piezas que forman parte del repertorio local. Muchas de estas obras nacieron a partir de pedidos concretos de instituciones educativas, lo que refuerza su vínculo con la enseñanza: incluso en la composición, su mirada está puesta en lo pedagógico y en la transmisión.

Su visión sobre la música es amplia. La entiende como una forma de expresión integral, capaz de desarrollar múltiples dimensiones en las personas. Por eso, más que dar consejos puntuales, insiste en la importancia de la formación y el compromiso. “Nunca dejé de estudiar”.

El valor de la enseñanza y su legado

En tiempos donde el arte muchas veces enfrenta dificultades para sostenerse, Volpi también señala la necesidad de mayor apoyo institucional. Considera que existen músicos de gran talento que deben hacer sacrificios importantes para continuar en su camino, una realidad que contrasta con el valor cultural que la música representa.

A pesar de los cambios en el sistema educativo y en la sociedad, su balance es positivo. Se define como una persona agradecida, consciente de haber podido vivir de lo que ama. Y esa gratitud se extiende, en primer lugar, a su familia, que fue el sostén de su desarrollo personal y profesional.

Hablar de Beatriz Volpi es hablar de una docente en el sentido más pleno del término, alguien que no solo transmite conocimientos, sino que forma, inspira y deja huella. Su legado no se mide únicamente en años de servicio, sino en las innumerables historias de alumnos que pasaron por sus clases y encontraron en la música un camino.

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