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El cáncer colorrectal es el segundo cáncer más frecuente y también la segunda causa de muerte por cáncer en el país. Cada año, aproximadamente 1800 personas son diagnosticadas y unas 1000 fallecen por esta enfermedad. Afecta tanto a hombres como a mujeres, y su impacto podría reducirse significativamente mediante controles oportunos y cambios en el estilo de vida.

Síntomas que no deben ignorarse

Es fundamental consultar a la brevedad en un centro de salud si aparecen signos como: presencia de sangre en las materias fecales, cambios en el ritmo intestinal (estreñimiento, diarrea o alternancia), dolor abdominal, deseo frecuente de evacuar, sensación de evacuación incompleta, heces con forma anormal (muy delgadas o en pequeñas bolitas) o anemia por déficit de hierro. Estos síntomas pueden estar asociados a distintas condiciones, pero también pueden ser señales de alerta.

Controles y detección precoz

El tamizaje permite detectar el cáncer antes de que aparezcan síntomas. Una de las pruebas más utilizadas es la de sangre oculta en materia fecal, que debe realizarse cada dos años si el resultado es negativo. Detectar la enfermedad en etapas tempranas mejora notablemente las posibilidades de tratamiento y supervivencia.

Si el resultado es anormal, se indica una colonoscopía para descartar pólipos colorrectales o un cáncer en fase inicial. Este control está recomendado para personas entre 50 y 74 años sin síntomas ni antecedentes.

Factores de riesgo

Además de la edad y los antecedentes familiares, existen factores modificables: sobrepeso, sedentarismo, consumo de carnes procesadas, tabaco y alcohol. Adoptar hábitos saludables puede marcar una gran diferencia en la prevención.

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