“Ser Mujer” /
Un encuentro para reflexionar, compartir y reconectar
El pasado martes 7 de abril se realizó el primer encuentro de mujeres “Ser Mujer” en el restaurante Don Diego, un espacio emblemático y cálido de la ciudad que ofreció el marco ideal para una jornada de intercambio y reflexión. A pesar de las condiciones climáticas adversas, la convocatoria reunió a un grupo de mujeres dispuestas a regalarse un tiempo para sí mismas, en un ambiente cercano y distendido.
La actividad tuvo como eje central la charla “El poder de la palabra”, a cargo de la psicóloga Ana Claudia Acosta, quien propuso un recorrido introspectivo sobre el impacto que tiene el lenguaje en la vida cotidiana. Además, el encuentro incluyó un espacio más simbólico con lectura de cartas a cargo de Eugenia Stábile, instancia que despertó interés, curiosidad y participación entre las asistentes. La velada se completó con una propuesta gastronómica que acompañó y enriqueció el clima de disfrute y conexión.
El poder de la palabra, mucho más que comunicación
Durante su exposición, Ana Claudia Acosta planteó que el lenguaje no es solo una herramienta para comunicarnos, sino también un factor determinante en la construcción de nuestra realidad. En este sentido, explicó que en los últimos años la ciencia ha comenzado a validar la estrecha relación entre mente, cuerpo y espíritu, una visión integral que redefine el concepto de salud.
Desde esta perspectiva, el bienestar no depende únicamente del estado físico, sino también de los pensamientos, las emociones y las creencias. “No somos solo cuerpo, ni solo mente. Somos un todo interconectado”, señaló, remarcando la importancia de atender cada una de estas dimensiones.
La especialista destacó que las creencias ya sean religiosas, espirituales o personales cumplen un rol clave en la forma en que interpretamos lo que nos sucede. Lejos de ser algo abstracto, estas creencias tienen un correlato biológico, activan procesos neuronales que influyen directamente en la regulación emocional.
El diálogo interno, la voz que nunca se apaga
Uno de los aspectos más profundos de la charla fue el análisis del diálogo interno. Aquello que una persona se dice a sí misma de manera constante tiene un impacto directo en su autoestima, en sus decisiones y en su forma de enfrentar la vida.
“El cerebro aprende por repetición”, explicó Acosta. Esto implica que las palabras que se repiten aunque sean en silencio terminan consolidándose como verdades internas. Frases como “no soy capaz”, “esto no es para mí” o “siempre me equivoco” pueden convertirse en creencias limitantes que condicionan la conducta.
Un punto clave que destacó es que el cerebro no procesa adecuadamente la negación. Por eso, expresiones como “no quiero pensar en esto” o “no quiero estar mal” tienden a reforzar justamente aquello que se intenta evitar.
Sin embargo, la propuesta no es negar las emociones negativas. Por el contrario, se trata de reconocerlas y transitarlas, pero sin quedar atrapados en ellas. La clave está en el relato que construimos a partir de lo que sentimos.
El impacto emocional y físico de las palabras
Otro de los ejes centrales fue comprender que las palabras no son inocuas. Tienen un impacto concreto tanto en el cerebro como en el cuerpo. Diversos estudios han demostrado que el lenguaje puede activar áreas cerebrales vinculadas al dolor físico.
Para ilustrarlo, Acosta propuso una imagen clara, arrugar una hoja de papel y luego intentar dejarla como estaba. Aunque se alise, las marcas permanecen. Lo mismo sucede con las palabras: una vez dichas, dejan huellas.
“Las palabras pueden sanar o pueden herir profundamente”, afirmó. Y ese efecto no se limita al vínculo con los demás. Muchas veces, el lenguaje más duro es el que una persona utiliza consigo misma.
En contrapartida, las palabras positivas también generan efectos reales. Estimulan la liberación de sustancias asociadas al bienestar y fortalecen circuitos neuronales que favorecen una mirada más saludable de la realidad.
Aprender a comunicarse, el valor de la asertividad
Frente a este panorama, la comunicación asertiva se presenta como una herramienta fundamental. No se trata de evitar decir lo que se piensa, sino de aprender a hacerlo de manera adecuada.
Acosta explicó que factores como el tono, el momento y la disposición del otro son determinantes en la forma en que un mensaje es recibido. Una misma frase puede generar cercanía o conflicto dependiendo de cómo se exprese.
En este proceso, el autocontrol juega un rol central. La capacidad de detenerse antes de hablar, de pensar lo que se va a decir y de considerar el impacto en el otro, es clave para construir relaciones más sanas.
El lenguaje como construcción social
El alcance de las palabras no termina en lo individual. También tiene un fuerte impacto en lo social, especialmente en ámbitos como la familia, la educación y la convivencia cotidiana.
Durante la charla, se hizo hincapié en cómo los niños y adolescentes reproducen lo que ven y escuchan en los adultos. La falta de escucha, las etiquetas negativas o los comentarios descalificadores pueden marcar profundamente su desarrollo emocional.
Asimismo, se destacó que las etiquetas como “no servís”, “sos distraído” o “no podés”, cuando se repiten en el tiempo, terminan siendo incorporadas como parte de la identidad.
En casos más extremos, la exposición constante a la violencia verbal puede generar consecuencias profundas, comparables a otros tipos de daño emocional, lo que reafirma la importancia de un uso consciente del lenguaje.
Herramientas para transformar la forma de hablarnos
Como parte práctica, la especialista compartió algunas estrategias sencillas para comenzar a transformar el diálogo interno. Una de ellas consiste en repetir palabras positivas asociadas al propio nombre, lo que activa circuitos cerebrales vinculados al bienestar.
También propuso registrar los pensamientos diarios, una herramienta que permite tomar conciencia de la cantidad y calidad del diálogo interno.
Otra práctica significativa es identificar las creencias negativas arraigadas las llamadas “etiquetas” y trabajar conscientemente para resignificarlas o dejarlas atrás.
Una invitación a reconectar desde la palabra
El encuentro “Ser Mujer” no solo fue una instancia de aprendizaje, sino también un espacio de conexión, escucha y reflexión compartida. En un contexto donde la rapidez y la sobreexposición muchas veces dificultan la pausa, generar estos espacios se vuelve fundamental.
La propuesta de Ana Claudia Acosta desde comenzar por lo cotidiano. Prestar atención a cómo nos hablamos, cómo nos vinculamos con otros y qué lugar le damos a nuestras emociones.
Porque, en definitiva, las palabras no solo describen la realidad: la crean. Y en ese proceso, cada persona tiene la posibilidad de construir una forma de vivir más consciente, más empática y más saludable.
Así, entre reflexiones, emociones y experiencias compartidas, el primer encuentro “Ser Mujer” dejó una huella significativa, reafirmando el valor de generar espacios donde la palabra se convierta en puente, en herramienta y también en transformación.