95.000 pobres menos: ¿dato o relato?
- Por Alexander Fagundez - Edil de la CORE
Hay anuncios que merecen algo más que aplausos partidarios. Cuando el presidente Yamandú Orsi y el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, afirman que 95.000 uruguayos salieron de la pobreza en apenas un año, corresponde preguntar qué hay detrás de esa cifra, cómo se explica semejante resultado y cuánto tiene de mejora real en la vida de la gente.
El Gobierno celebra que la pobreza haya descendido del 17,7% al 14,8% entre los primeros semestres de 2025 y 2026. Es un dato que merece ser analizado con seriedad, no convertido automáticamente en propaganda política. Porque una cosa es que un indicador estadístico mejore y otra, muy distinta, es presentar esa variación como prueba concluyente del éxito de una gestión.
Fernando Pereira atribuyó el resultado a las políticas salariales, al aumento de las jubilaciones mínimas y a las ayudas sociales. Pero esa explicación, por sí sola, no demuestra cuánto incidió cada medida ni permite asegurar que 95.000 personas hayan experimentado una mejora económica sustancial y duradera.
El Bono Crianza y las transferencias sociales pueden aliviar situaciones de vulnerabilidad. Nadie discute la importancia de asistir a quienes más lo necesitan. Sin embargo, una ayuda económica limitada no transforma automáticamente las condiciones de vida de una familia ni garantiza que sus ingresos alcancen para cubrir alimentación, vivienda, transporte, educación y demás necesidades básicas.
Además, las nuevas prestaciones para familias con niños y adolescentes anunciadas en la Rendición de Cuentas comenzarían a regir en enero de 2027. Por tanto, no pueden presentarse como causa directa de una reducción medida durante el primer semestre de 2026.
Es cierto que un trabajador puede superar la línea de pobreza al conseguir empleo o mejorar sus ingresos. Pero también es cierto que la pobreza depende de múltiples factores: los ingresos de todo el hogar, la cantidad de integrantes, el costo de las necesidades básicas, la situación habitacional y otros elementos contemplados en la metodología. Por eso, resulta indispensable conocer qué explica una caída de esta magnitud y cuánto representa una mejora efectiva, más allá de cruzar por poco un umbral estadístico.
El propio método del INE considera pobre a un hogar cuyos ingresos no alcanzan una línea que varía según su composición, ubicación y condición habitacional. En junio de 2026, para un hogar de tres integrantes que alquilaba, esa línea era de $58.893 en Montevideo y $45.364 en el interior.
Entonces, las preguntas son inevitables: ¿cuántas de esas personas estaban apenas por debajo de la línea de pobreza? ¿Cuántas la superaron por un margen mínimo? ¿Cuántas consiguieron empleo y cuántas mejoraron sus ingresos por aumentos salariales o jubilatorios? ¿Existe una evaluación que permita separar el efecto de cada política?
No alcanza con exhibir una cifra y adjudicarse el mérito. El Gobierno debe explicar los resultados con información verificable, transparentar sus causas y demostrar si la mejora se sostiene en el tiempo.
No afirmo que el dato del INE sea falso. Afirmo que la interpretación triunfalista del Gobierno y del Frente Amplio no basta para demostrar que 95.000 uruguayos dejaron atrás, de manera efectiva y duradera, la pobreza. Y esa diferencia es demasiado importante como para esconderla detrás de un eslogan.
Porque la pobreza no se combate con conferencias de prensa ni se erradica cambiando una estadística. Se combate con empleo genuino, salarios suficientes, oportunidades y políticas sociales capaces de transformar realidades.
Menos mentiras y más certezas. Menos propaganda y más explicaciones. Menos celebración política y más evidencia. Los uruguayos que todavía no llegan a fin de mes merecen algo más que un número para festejar.
Necesitamos un Uruguay con verdaderas oportunidades para todos. Nunca más FA.