La música no tiene color político
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Por Jorge Pignataro
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jpignataro@laprensa.com.uy

Hay cosas que deberían estar por encima de las disputas políticas. Parece una afirmación obvia, esto parece estar en la tapa del libro. Pero en los hechos, no parece tan claro. Una de esas cosas es el arte, sin dudas. Sin embargo, en nuestra realidad cotidiana parece que no hay espacio para valorar algo sin pasarlo primero por el filtro partidario. La reciente actuación de la Banda y Orquesta Departamental de Salto en la Noche de Gala del Teatro Larrañaga, en la noche del domingo último, es un ejemplo claro de ello. Bajo la dirección de Sergio Mena, un músico y docente reconocido, esta banda viene desde hace años brindando espectáculos de muy buena calidad. Con esfuerzo y compromiso, Mena ha sorteado la falta de recursos y de músicos, apostando siempre a la formación y a la calidad artística, no a la improvisación. El anuncio de nuevas incorporaciones (anuncio dado esa misma noche por el propio Bonet, ahora voz oficial de la Cultura en Salto) es una excelente noticia, pero lo cierto es que, aún con dificultades, el nivel siempre estuvo.
Lo que entristece es ver cómo para algunos el valor de este conjunto parece fluctuar según el partido que gobierne la Intendencia. Si el gobierno de turno es de su agrado, entonces la banda es “maravillosa”, “encantadora” y “emocionante”; si no lo es, entonces la banda “ya no sirve”. Como consecuencia de eso mismo, hay quienes recién ahora descubren el talento de estos músicos (muy jóvenes en su mayoría), como si antes no hubieran existido.
¿De verdad llegamos a un punto en que hasta la música debe evaluarse con anteojeras partidarias?
Comentarios como “por fin tenemos espectáculos de este nivel” son injustos con años de trabajo. La orquesta ha ofrecido conciertos memorables en el Larrañaga, en la Plaza 33 y en distintos espacios abiertos y cerrados de la ciudad mucho antes del actual gobierno, y antes del gobierno de Andrés Lima también. Negar eso por conveniencia política no es solo mezquino, sino también una falta de respeto al esfuerzo de quienes sostienen este proyecto artístico apostando al arte como un fin en sí mismo.
Y lo peor es que esto no ocurre solo con la música, por supuesto que no. La tendencia a mirar todo según el color político de quien lo impulse se repite en múltiples ámbitos: en las obras públicas, en la educación, en el deporte, incluso en la solidaridad. Si lo hace “mi” partido está bien; si lo hace el otro, el de la vereda de enfrente, hay que criticarlo o ignorarlo. Esa lógica nos empobrece como sociedad, porque nos impide reconocer y defender lo bueno venga de donde venga.
Hay que aprender a valorar las cosas por su esencia. La música de la banda y orquesta de Salto no es de derecha ni de izquierda, no es blanca, colorada ni frenteamplista… Es de todos. Lo mismo debería ocurrir con tantas iniciativas y proyectos que enriquecen nuestra comunidad.
Cuando ponemos la política por encima de todo, caemos en el egoísmo y el oportunismo. Y perdemos todos, no queda otra opción. Debemos de una vez por todas aprender a aplaudir el talento y el trabajo sin preguntar primero el color de la bandera que hay detrás. Porque, al fin y al cabo, una buena melodía no necesita permisos partidarios para emocionar….¿No le parece?
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