Cartas y mensajes /
Cuando la poesía era parte de los primeros amores y se escribía
-
Por Gabriel Paique
/
gpaique@laprensa.com.uy
Los cambios son constantes a lo largo de la vida y de la propia historia, cuántas veces miramos el pasado, para darnos cuenta de cuánto quedó para atrás. Todo transcurre tan rápido, que cuando queremos acordar ya nos estamos acostumbrando a las nuevas realidades o como se llama hoy, la nueva normalidad, como para que sorpresivamente algunas cosas vayan quedando en el “baúl de los recuerdos”. Hoy la realidad nos muestra que la forma de comunicarnos es tan diferente a lo que fueron años atrás, donde el amor era poesía y surgían siempre aquellos versos que quedaban escritos en algunas cartas, que con el correr de los años fueron quedando amarillas.
Las viejas lapiceras de tinta y que la pluma era el elemento que te permitía un trazo tan perfecto, o quizás también aquello que nos enseñaron en la escuela, con los cuadernos de doble raya, o los deberes que cuando lo hacíamos mal, lo teníamos que escribir una hoja entera.
Lo que eran aquellos bancos de la escuela, donde estaba aquel “hueco” que era justamente para que ahí se ubicara la tinta y los cambios que fueron llegando, para hoy casi que no ver aquellas lapiceras que tenían la pluma, con el frasquito de tinta, que nos permitía escribir, soñar intentar ser poetas.
Las cartas que eran parte de la comunicación cuando estabas lejos y como no acordarnos de los sellos de los sobres, una vida de muchos sueños, cuando comenzábamos a transcurrir nuestros primeros años “mozos”, como se decía antes.
Dentro de este panorama, casi que ni nos dimos cuenta de los cambios que fueron llegando y nos acostumbramos a dejar de lado la escritura en el papel, para hacerla a través de un aparatito que te permite además comunicarte con la palabra, incluso con videollamadas, aunque eso te muestre que cada vez estás más lejos del diálogo mano a mano, ese tan necesario en nuestras vidas, cuando nos miramos a los ojos.
CARTAS
Lo que eran las cartas, que muchas veces comenzábamos a escribir y teníamos la papelera a mano, ya que muchas hojas iban quedando ahí arrolladas, ya que no nos gustaba la redacción que le dábamos. Es que había que escribir y tratar de mostrar en esa carta lo que sentíamos, para cuando llegara a la mano de la otra persona, sintiera esa “cosquilla” al leerla. Tiempo de que el correo era la parte muy importante y existían buzones que se podían colocar, para que después pasara el cartero, para llevarla a destino seguro. Entre algunas cartas llenas de poesía, recordamos algunos años atrás, cuando había que hacer y tener buena letra, para lo que eran las cartas o aquellas tarjetas que también eran parte, sobre todo cuando la distancia no permitía que el amor estuviera cerca todos los días. Ni que hablar de los mensajes a través de lo que era Antel, que muchas veces llegaban al otro día y donde todavía no estaba en todos lados el teléfono, ese que hoy lo llevamos con nosotros en nuestro bolsillo.
Las cartas donde dependía el destinatario, lo que se escribía en esa hoja y que dependiendo a quien iba, hasta alguna gota de perfume se podía poner, para que al abrir el sobre invadiera aquel aroma tan dulce, tan especial, que nos hacía acordar buenos momentos.
PORTALAPIZ
Ni que hablar que teníamos el portalápiz, que tenía las más variadas lapiceras de distintas tintas y los colores, como cuando al escribir en aquellas hojas, siempre hubiera alguna que marcara más firme lo que queríamos remarcar.
Hoy casi que ni siquiera nos damos cuenta si contamos con un portalápiz, ya que muchas veces una lapicera o un lápiz, alcanza para lo poco que se escriben en las hojas blancas de papel, esas que ya no son parte casi de nuestras vidas, porque la comunicación está en otro aparato y que nos atrapó casi que sin darnos cuenta.
Las cartas que ya no son parte de la comunicación y aquellos sobres que si bien todavía están, no tienen la salida de otros tiempos.
Fue quedando atrás la poesía y el esfuerzo por hacer buena letra al momento de escribir para tratar de convencer aquella joven que no queríamos perder, para hoy estar atentos a lo que pasa en el mundo en ese pequeño aparatito.
Falta la poesía, esa que era parte de nuestras cartas, como alguna hoja perdida que encontramos en el baúl de los recuerdos, que decía:
“Rosa de la noche,
de rocío mojarás,
de tu larga cabellera
que tus pétalos abres en par”.