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La licenciada Adriana Miraballes, actual coordinadora de Género del Gobierno de Salto, sostiene que uno de los principales desafíos de su rol es desmontar una idea profundamente arraigada: que hablar de género es hablar únicamente de mujeres. “Género es una construcción sociocultural e histórica que afecta tanto a mujeres como a varones”. Y agregó “No se trata de dar vuelta la balanza, sino de construir igualdad en un mismo plano”.

En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, Miraballes abordó la complejidad del trabajo territorial, la violencia basada en género, las limitaciones presupuestales y la necesidad de transformar patrones culturales que, según señala, siguen marcando la vida cotidiana.

Deconstruir estereotipos, una tarea que también involucra a los varones

Miraballes insiste en que el trabajo en género no puede limitarse a talleres para mujeres. “Cada vez que planteamos una actividad sobre género, la mayoría de quienes asisten son mujeres. Es hora de que los varones también se integren”. Para la jerarca, los estereotipos tradicionales perjudican a ambos sexos. “Al varón se le impuso que tiene que ser fuerte, que no puede llorar, que debe ser el sostén económico del hogar. En tiempos donde hablamos de salud mental, ¿qué implica que un hombre no pueda expresar dolor por miedo a dejar de ser ‘tan varón’?”. Reconoce que ha habido avances, especialmente en generaciones jóvenes, pero advierte que los cambios culturales son lentos y requieren formación específica y recursos sostenidos.

Violencia de género, el ciclo que se repite

Uno de los ejes centrales de su trabajo es la atención a mujeres en situación de violencia. Miraballes describe el proceso como una espiral creciente, comienza con agresiones leves un tirón de pelo, un empujón, un grito y escala hacia episodios cada vez más graves.

“El ciclo incluye la llamada ‘luna de miel’, el agresor pide perdón, promete cambiar, y la mujer, que está enamorada o comparte hijos con esa persona, cree en esa promesa. Pero luego la violencia vuelve, y cada vez con mayor intensidad”.

Salir de esa espiral no es sencillo. La manipulación, el aislamiento y la dependencia económica dificultan la ruptura. “Muchas veces escuchamos decir ‘si volvió con él, que se arregle’. Pero es muy difícil salir de una situación de violencia cuando te han aislado, te han hecho sentir culpable y no tenés redes de apoyo”.

Además, aclara que la denuncia no siempre es el primer paso. “Primero hay que fortalecer a la mujer, trabajar su autoestima, pensar estrategias con equipos técnicos. Ese proceso puede llevar años. Recién cuando está empoderada puede sostener una denuncia”.

Sin trabajo no hay salida posible

La coordinadora pone especial énfasis en la dimensión económica. “No es primero la casa, es primero el trabajo”, afirma. Explica que otorgar una vivienda sin garantizar ingresos puede generar nuevas deudas y agravar la situación.

En ese sentido, señala que Salto presenta altos índices de desempleo y que las mujeres suelen estar en peor situación, especialmente aquellas con bajo nivel educativo o empleos informales. “Si no hay autonomía económica, la salida de la violencia se vuelve casi imposible”.

También cuestiona la sobrecarga de cuidados que recae sobre las mujeres y la falta de corresponsabilidad. “Siempre preguntan por la madre cuando un niño falta a la escuela. ¿Por qué no preguntan por el padre?”, se pregunta. Si bien reconoce cambios en parejas jóvenes, afirma que en generaciones mayores persisten resistencias culturales.

Una casa de breve estadía para casos de riesgo extremo

Entre los proyectos prioritarios del gobierno departamental se encuentra la creación de una casa de breve estadía en Salto para mujeres en riesgo de vida. La iniciativa ya fue incluida en el presupuesto.

“Es una necesidad histórica. No puede ser que mujeres en riesgo estén deambulando de institución en institución sin una respuesta concreta”.

El espacio funcionaría bajo protocolos estrictos, similares a los del Instituto Nacional de las Mujeres. No se difundiría su ubicación y las residentes firmarían acuerdos de confidencialidad para proteger a todas las personas alojadas. Además, contarían con acompañamiento técnico, apoyo educativo para los hijos y asistencia para la inserción laboral. “No será para todos los casos, sino para situaciones realmente graves, muchas veces con disposición judicial. Pero al menos tendremos una respuesta local”.

Violencia en el deporte, una alarma encendida

Miraballes también expresó preocupación por el aumento de la violencia en el ámbito deportivo. Desde su experiencia de trabajo con la liga femenina de fútbol y el futsal en Salto, observa una escalada preocupante. “La masa muchas veces habilita a que las personas descarguen frustraciones e insultos. Pero el insulto también es violencia, no lo minimicemos”.

Valora especialmente el protocolo implementado en el futsal femenino local, que prevé la expulsión de quienes insulten o agredan a jugadoras y árbitros. “Ojalá se replique a todo nivel”.

Relató con preocupación situaciones en el baby fútbol donde padres y madres incitan a sus hijos con frases como “matalo” para que conviertan un gol. “¿Qué presión están sintiendo esos niños? El deporte implica competencia, sí, pero también valores. Hemos perdido la brújula”.

Adolescencia, noviazgos y escucha activa

Otro frente de trabajo es la campaña “Noviazgos Libres de Violencia”, desarrollada junto a la ANEP en centros educativos. Miraballes asegura que en cada taller algún adolescente se acerca a plantear situaciones de violencia propias o del entorno familiar.

“Muchas veces no se animan a contar en sus casas por miedo al rechazo, incluso en temas de orientación sexual. Esto también impacta en la salud mental”.

Para la coordinadora, la escucha activa es clave. “A veces cinco minutos de atención genuina pueden hacer la diferencia”. En la coordinación de Género trabajan de forma articulada con las áreas de discapacidad, niñez y juventudes para atender casos que quedan fuera de la órbita formal del Instituto Nacional de las Mujeres.

“Nunca se va nadie sin una respuesta. Puede que no sea la solución definitiva, pero siempre buscamos una alternativa”.

Un cambio cultural que exige compromiso colectivo

A lo largo de la entrevista, Miraballes repite una idea central: la igualdad no se logra enfrentando a hombres y mujeres, sino transformando estructuras y creencias profundamente arraigadas.

“El cambio cultural cuesta, porque viene de la crianza, de lo que nos enseñaron durante generaciones. Pero es necesario”.

En un contexto de restricciones presupuestales y alta demanda social, la coordinadora de Género del Gobierno de Salto apuesta a la articulación interinstitucional, la prevención y la construcción de nuevas formas de convivencia. El desafío, reconoce, es enorme. Pero insiste en que no hay alternativa, la igualdad real requiere compromiso sostenido, recursos y, sobre todo, voluntad colectiva para cuestionar lo que durante años se dio por natural.

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