La Historia del Cementerio Eslavo (I) /
Los eslavos en Salto
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
Élida Erasinchuk- del Centro cultural eslavo de Salto- nos cuenta sobre “Nayi lude” (nuestra gente). Las familias eslavas que llegaron a estas tierras, emigraron por diferentes razones. Unos para “hacerse la América” y otros, debidos a los conflictos bélicos. Algunos habían sido cosacos en la primera guerra como Baldomero Masinchuk, quien llega a estas tierras con documentos polacos. Viaja a la Argentina con otros parientes, dejando en su Aldea mujer e hijos con la idea de traerlos una vez establecidos.
Al desembarcar sintieron el cambio de clima ya que ellos estaban acostumbrados al frío. Con grandes dificultades intentaron hacerse entender usando palabras rusas, polacas, ucranianas y bielorusas con un changador. Este paisano- cobrándoles unos rublos- les prometió llevarlos a un país cercano donde había cámaras de frío y tomaban gente para trabajar. A poco de andar, fueron a dar al frigorífico Anglo en Fray Bentos.
Aún con algo de dinero en sus bolsillos, les resultaba dificilísimo comunicarse cuando querían comprar algo para comer como “Glip”- que quiere decir pan- u otros alimentos como tocino, cebolla y huevos. En ese tiempo, ya habían llegado a San Javier otros inmigrantes siguiendo a un Pastor religioso, a los que se les asignaron predios comprados por el Presidente Batlle y Ordóñez a la familia Espalter.
El trayecto desde la capital fue a bordo de la Cañonera 18 de Julio, lujoso barco construido originalmente para una princesa rusa que, con el correr de los años pasó a propiedad del Rowing de Salto. Sus restos descansan en el lecho del arroyo, a pocos metros de dicho Club. En 1927, habiendo hecho los trámites consulares pertinentes y enviando el dinero para el viaje, llegaron los demás familiares de Élida que habían quedado en Europa, entre los que venía su abuela, la que vivió una verdadera odisea en el trayecto.
Los inmigrantes viajaban en las bodegas y sólo podían salir a respirar aire puro cuando el barco atracaba en algunos puertos. Milagrosamente, al llegar a Montevideo, alguien que hablaba el idioma de la señora- rodeada de hijos y sobrinos- se le acercó para preguntarle que le pasaba, y la ayudó a encontrar un barco que los llevara a Río Negro.
El navío resultó ser la Cañonera 18 de julio, donde un hombre- comprendiendo la situación de la familia, los convidó con un pan. Navegaron hasta Paysandú donde finalmente pudieron reunirse con sus familiares.
Tras años de duro trabajo, su abuelo logra comprar un predio en Parada Daymán- donde vivían muchos inmigrantes- y en ese lugar levantan un rancho de barro y paja.
Tras los horrores de la guerra, el otro abuelo de Élida se embarca en el puerto de Danzig con su familia y tras una parada en la Argentina viene al Uruguay. Llegaron a Salto en 1937 en una lancha- que existe todavía- llamada “Eleuteria”, y en el puerto se encontraron con funcionarios que procedían a inscribirlos y entregarles documentos uruguayos. Una vez en nuestra ciudad, se alojaron en una pensión cercana, propiedad de Cesarini en calle 19 de abril, donde se hospedó la familia mientras los hombres fueron a trabajar al establecimiento de Baranov. Semanas después, todos se mudaron al campo.