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En las últimas horas, en Argentina, el gobierno confirmó que no seguirá el consejo del Fondo Monetario Internacional (FMI) ni de la mayoría de los economistas argentinos, en el sentido de acelerar el ritmo de devaluación del peso. Con el encarecimiento en dólares de los precios argentinos -algo que quedó en evidencia por el furor de compras en el exterior durante la semana santa-, se intensificaron las presiones para que el gobierno apure la tasa de devaluación, que esta fija en 2% mensual. Pero tanto el presidente Javier Milei como el ministro de economía, Luis Caputo, en entrevistas televisivas, argumentaron que no es necesario devaluar porque no quieren ir en contra de la tendencia del mercado.

En los últimos días el Banco Central estuvo comprando dólares a un promedio de 350 millones diario, y todavía no empezó la temporada de liquidación de las exportaciones agrícolas. Por eso, dicen en el gobierno, no se puede sostener que el tipo de cambio está atrasado. Y, además, afirman que apurar la devaluación significaría poner en riesgo el freno que se está observando en la inflación.

IPC de marzo entorno al 10%

El ministro Caputo adelantó que el IPC de marzo se ubicará en poco más de 10%, una suma muy inferior al 13 o 14 que habían proyectado las consultoras privadas. Dijo que en algunos rubros hasta se está viendo una caída nominal de precios, producto de que los empresarios habían hecho aumentos preventivos, pensando en que el dólar se dispararía. Pero que ahora, al observar la calma del mercado, están corrigiendo los precios para subir sus ventas.

Caída de las ventas

El ministro insinuó, además, que podría continuar su política de recorte de tasas de interés, con lo que los ahorristas seguirían recibiendo una rentabilidad negativa en términos reales. Son definiciones que han creado polémica, porque si bien es cierto que la inflación está frenando, la contracara del plan es una profundización de la crisis. Ayer, por ejemplo, se difundió el dato de las ventas de las pymes en marzo, con una caída interanual de 12,6%, y antes se había confirmado otra caída real de la recaudación de impuestos.

La pelea Caputo y Moyano

Pero el punto que más controversia ha creado es el del aval oficial a las subas salariales. Caputo confirmó que no habrá una homologación para los convenios donde las cifras se ubiquen muy por encima de la inflación proyectada, porque eso podría traer el peligro de una espiral ascendente de salarios y precios. En particular, la pelea está centrada con el poderoso gremio camionero, que había firmado con las cámaras empresariales una suba de 25% para el salario de marzo y de 20% para abril, algo que el gobierno no quiso avalar.

Conflicto camionero

Esto exacerbó la tensión con Hugo Moyano, líder camionero, quien marcó la contradicción entre el discurso liberal del gobierno y su propensión a intervenir en las negociaciones salariales del sector privado. La cuestión es que hoy podría estallar el conflicto camionero, en un momento muy particular, justo cuando hay una afluencia de unos 4 mil camiones por día al puerto de Rosario para embarcar las exportaciones de soja.

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